Mundo ficciónIniciar sesiónSu respiración se agita, siento los latidos de su corazón acelerarse y cuando oculta su rostro entre la curvatura de mi cuello y de mi clavícula, aspirando mi olor natural, aparto la mano y un ligero temblor domina mi cuerpo.
—Abel —musito lento.
—Ahora no, Nat —su voz es ronca, varonil y gélida—. Te odio.







