Capítulo 11

Su respiración se agita, siento los latidos de su corazón acelerarse y cuando oculta su rostro entre la curvatura de mi cuello y de mi clavícula, aspirando mi olor natural, aparto la mano y un ligero temblor domina mi cuerpo.

—Abel —musito lento.

—Ahora no, Nat —su voz es ronca, varonil y gélida—. Te odio.

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