Un leve ruido fuera de la carreta me despertó. En silencio, desenvainé la daga y la escondí debajo del brazo. La hoja negra se camuflaba a la perfección bajo el traje y con la oscuridad de alrededor.
"Me gustan. Necesitamos más de estas" — me dijo mi lobo mientras fingía dormir.
Cuando el breve sonido llegó a la entrada de la carreta, me abalancé sobre el agresor.
Me esquivó el ataque, pero con la mano libre lancé un gancho hacia la barbilla. Me bloqueó con mucha dificultad pero yo ya esta