— Traigan al sanador — pidió Elarimil una vez estuvo en su cama.
— Si, su alteza— la mucama salió de prisa en busca del sanador que atendía a la reina.
El sanador no tardo en llegar en menos de diez minutos ya estaba atendiendo a la reina que apenas podía lidiar con la noticia del nombramiento de Anne, su llanto no lograba detenerse, fue difícil atenderla en ese momento tan doloroso para ella.
— Debe guardar reposo, su alteza, por la seguridad del niño— dijo el sanador una vez la logro