Sara
Me dirigí a la casa de la manada, que no era más que un edificio enorme en el centro de todo, las personas entraban y salían en todo momento. Era obvio que aquí no podían vivir todos los miembros de la manada, más era de esperar que aquellos lobos sin emparejar lo hicieran.
El edificio estaba en malas condiciones, a comparación con el nido, se veía que aquí nadie había mostrado el más mínimo interés.
La madera crucial al caminar, el viento se colaba entre los tablones, había señas de