Un grito desgarró la quietud de la noche justo antes de que sus ojos se abrieran de golpe. Casi sin darse cuenta, llevó una mano a su cuello y la otra a su marca. Solo había sido un sueño… y, aun así, el dolor ardía como si todo hubiera sido real.
Acongojada por sensaciones demasiado reales, se encogió sobre sí misma, dejando que gemidos ahogados escaparan de sus labios.
Dolía como si le arrancaran la piel por jirones. Era el mismo dolor que sintió cuando la ceremonia del lazo lunar se vio inter