Serethia se miró en el espejo de cuerpo completo, girando levemente para observarse desde diferentes ángulos, buscando la más mínima señal de su estado. Aún no había cambios notables en su cuerpo, pero —según sus cuentas— pronto comenzarían a hacerse visibles.
Mientras se movía, alisó con cuidado la tela del vestido sobre el vientre, en un gesto casi inconsciente, mientras su pecho se llenaba de una emoción desconocida. Por un instante, se permitió imaginar cómo se vería una curva pronunciada e