—¡No odio a tu manada! —Rugí, jalándome el cabello desde la raíz—. ¡Me he quedado en Luna Oscura más tiempo que en cualquier otro lugar! ¿Por qué me quedaría si no me gustara?
—Pasas mucho tiempo fuera de la manada. ¿Por qué será? ¿Estás buscando el próximo territorio que puedas intentar conquistar?
—¡Vete al diablo! —Me di la vuelta otra vez. La pequeña princesa guerrera nunca sabría lo que era ser un errante. Nunca entendería el miedo, la soledad, la desconfianza hacia todos. En realidad me en