—Ya veremos. Es mucho que asimilar ahora mismo. ¡Uf! —Choqué contra un pequeño muro de cabello rubio—. ¡Oh, lo siento mucho! Rayna, me tengo que ir, te llamo más tarde. —Terminé la llamada y me guardé el teléfono en el bolsillo—. ¿Estás bien? —Miré las toallas y servilletas de tela esparcidas por el suelo y sobre el regazo de aquella pequeña Omega—. Déjame ayudarte con eso.
La pobre chica parecía asustada mientras me agachaba y empezaba a apilar las cosas.
—¡Oh, no, Luna! No puedo permitir que