Ella olvidó los últimos tres meses de su vida.
Habían pasado dos semanas desde que cayó en su estado de coma. Con cada instante, la conciencia empezaba a abrirse camino en su mente, y el mundo exterior comenzaba a cobrar vida nuevamente. La luz a través de los párpados cerrados se sentía intensa, y los sonidos se filtraban, suaves al principio, como el murmullo de un río lejano.
Amira abrió los ojos lentamente, parpadeando ante la luz suave que se filtraba por la ventana. Respiró hondo, tratando de reconocer el lugar, pero su mente estaba en