Início / Romance / La Luna Prohibida del Alfa / Capítulo 6: Territorio de Lobos
Capítulo 6: Territorio de Lobos

El dolor era constante ahora, un pulso ardiente que latía con cada respiración. Aria se aferró a la mano de su madre mientras el auto atravesaba calles que se volvían cada vez menos familiares.

Dejaron atrás el distrito comercial brillante, pasaron por los barrios residenciales donde vivían las familias de clase media, y finalmente entraron en una zona que Aria solo había visto en mapas. El límite norte. Territorio prohibido para los Montoya.

Territorio de los lobos.

Los edificios aquí eran más viejos, más salvajes. Menos luz artificial, más sombras. Los árboles crecían más cerca de las calles, sus ramas entrelazándose por encima como un dosel natural. Aria podía sentir la diferencia en el aire mismo. Era más pesado aquí, cargado con algo primitivo y poderoso.

“Casi llegamos.” La voz de Lucian era tensa. Podía verlo mirándola por el espejo retrovisor, su mandíbula apretada con preocupación.

“Cuánto falta.” Aria jadeó. El dolor estaba empeorando. Podía sentir sus huesos tratando de cambiar, su piel estirándose de maneras que no debería ser posible.

“Cinco minutos.”

“No sé si tengo cinco minutos.”

“Los tienes.” Su madre apretó su mano con fuerza sorprendente. “Eres más fuerte de lo que crees, Aria. Tienes mi sangre. La sangre de los Duarte. Hemos sobrevivido cosas peores que esto.”

Aria quiso preguntar qué significaba eso, pero otra ola de agonía le robó las palabras. Arqueó su espalda, golpeando su cabeza contra el asiento, y un aullido escapó de su garganta. No era humano. Ni siquiera era completamente animal. Era algo intermedio, algo que no debería existir.

El auto giró bruscamente hacia la izquierda, pasando por puertas de hierro que se abrieron automáticamente. Aria entrevió un cartel. “Propiedad Privada. Prohibido Pasar.” Y debajo, en letras más pequeñas, un símbolo que reconoció. El emblema de La Manada Valdez. Un lobo aullando a una luna creciente.

El camino se volvió de tierra, serpenteando a través de árboles densos. A través de su dolor, Aria podía ver figuras moviéndose entre las sombras. Lobos. Docenas de ellos. Algunos en forma humana, otros en cuatro patas, todos observando el auto pasar con ojos brillantes y curiosos.

Finalmente, el bosque se abrió hacia un claro. Y en el centro se alzaba una casa que era más una fortaleza. Tres pisos de piedra y madera oscura, con ventanas grandes que reflejaban el cielo. Era hermosa de una manera ruda, como si hubiera crecido del suelo en lugar de ser construida.

Lucian detuvo el auto frente a la entrada principal. Antes de que pudiera apagar el motor, la puerta trasera se abrió y él estaba allí, levantando a Aria de nuevo en sus brazos.

“Damián, prepara la habitación de transformación.” Ordenó mientras corría hacia la casa. “Mateo, busca a la sanadora. Isabela, ven conmigo.”

Su madre los siguió de cerca. Aria apenas registró el interior de la casa mientras Lucian la llevaba a través de pasillos y bajaba unas escaleras. Todo era borroso, mezclándose entre momentos de claridad cegadora y oscuridad pulsante.

La habitación a la que la llevó era grande y vacía excepto por colchones gruesos cubriendo el suelo y las paredes. No había ventanas. Una sola bombilla colgaba del techo, proyectando luz suave y dorada.

“Una habitación de transformación.” Su madre explicó suavemente mientras Lucian depositaba a Aria sobre los colchones. “Para primeras transformaciones. Las paredes están reforzadas. No puedes lastimarte aquí.”

“Ni escapar.” Aria logró decir.

“No querrás escapar cuando esto termine.” Lucian se arrodilló a su lado. “Tu lobo necesitará correr. Necesitará cazar. Y será más seguro hacerlo aquí, donde todos entienden lo que eres.”

Una mujer mayor entró a la habitación, con cabello gris recogido en un moño y ojos que habían visto demasiado. Llevaba una bolsa de cuero gastada que tintineaba con frascos de vidrio.

“Soy Elena.” Dijo simplemente. “La sanadora de la manada. He guiado a través de docientas primeras transformaciones. Sobrevivirás a esto.”

“No se siente así.” Aria gimió.

“Nunca lo hace.” Elena se sentó con fluidez que desmentía su edad. “Pero tu cuerpo sabe qué hacer. Solo necesitas dejar de pelear contra él.”

“No sé cómo.”

“Yo te mostraré.” Su madre se movió al otro lado, quitándose los zapatos y la chaqueta elegante. Por primera vez, Aria notó las cicatrices en los brazos de su madre. Marcas de garras. Marcas de colmillos. Evidencia de una vida que nunca había compartido.

“Mamá, tú también eres.” No pudo terminar la oración.

“Una loba. Sí.” Isabela sonrió con tristeza. “De la manada Duarte. Una de las más antiguas de México. Conocí a tu padre en un intercambio de negocios hace veinticinco años. Me enamoré. Elegí quedarme en su mundo. Pero eso significaba ocultar lo que era. Suprimir mi lobo. Y cuando quedé embarazada de ti, esperé que fueras completamente humana. Que pudieras tener la vida normal que yo nunca tuve.”

“Pero no lo soy.”

“No.” Su madre apartó el cabello sudoroso de su frente. “Y ya no puedes fingir serlo.”

El dolor alcanzó un nuevo nivel. Aria sintió como si la estuvieran arrancando desde dentro. Gritó, y esta vez el sonido fue completamente animal. Sus ropas comenzaron a rasgarse mientras su cuerpo se expandía, cambiaba, se reformaba.

“Lucian, sal.” Elena ordenó. “Esto no es algo que su Alpha deba ver. No todavía.”

“No la dejaré.”

“No es tu decisión.” La sanadora lo miró fijamente. “Una primera transformación es privada. Sagrada. Saldrá cuando esté lista, y entonces podrás reclamarla apropiadamente. Pero ahora, necesita espacio para encontrar su lobo sin la presión del vínculo de pareja.”

Aria pudo ver la guerra en el rostro de Lucian. Cada instinto le gritaba que se quedara, que protegiera a su pareja. Pero finalmente asintió.

“Estaré justo afuera.” Dijo a Aria. “Si me necesitas, solo llámame.”

Entonces se fue, y la puerta se cerró detrás de él con un clic final.

“Ahora.” Elena sacó frascos de su bolsa. “Bebe esto. Ayudará con el dolor.”

Aria bebió el líquido amargo sin cuestionar. Casi inmediatamente, el borde más agudo del dolor se suavizó a algo manejable. No se fue, pero ya no sentía como si estuviera muriendo.

“Isabela, muéstrale.” Elena se apartó.

Su madre asintió. Y entonces, frente a los ojos de Aria, comenzó a cambiar. Sus huesos se quebraron y reformaron con chasquidos audibles. Su piel se cubrió de pelaje castaño oscuro. Sus rasgos se alargaron, se transformaron, se volvieron lupinos. En menos de un minuto, donde había estado su madre ahora había una loba grande y hermosa con ojos que todavía eran completamente humanos en su comprensión.

“Ves.” Elena habló suavemente. “Tu madre sobrevivió. Todos sobrevivimos. Y ahora es tu turno.”

La loba que era su madre se acercó, presionando su hocico contra la mejilla de Aria. El gesto era tan tierno, tan maternal, que algo dentro de Aria se rompió. Dejó de pelear. Dejó de resistir. Y dejó que la transformación la reclamara completamente.

El dolor explotó. Sus huesos se quebraron. Su piel se estiró. Su cuerpo se reorganizó en una configuración completamente nueva. Gritó y aulló y rogó que terminara.

Y entonces, de repente, lo hizo.

Aria parpadeó y el mundo era diferente. Los colores eran más apagados pero los olores eran abrumadores. Podía escuchar conversaciones sucediendo tres pisos arriba. Podía sentir cada vibración en el suelo. Y cuando miró hacia abajo, vio patas donde debían estar sus manos.

Patas cubiertas de pelaje negro como la medianoche.

“Hermosa.” Elena respiró. “Una loba negra. Rara. Poderosa.”

Aria trató de hablar, de preguntar qué significaba eso, pero lo que salió fue un aullido bajo y confundido.

Su madre se acercó de nuevo, lamiendo su rostro en consuelo. Y en la distancia, a través de paredes y puertas, Aria escuchó una respuesta.

Un aullido profundo y resonante que sacudió sus huesos y encendió algo ardiente en su pecho.

Lucian.

Su pareja.

Llamándola a casa.​​​​​​​​​​​​​​​​

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App