Aria intentó dar un paso y casi cayó. Sus cuatro patas no respondían como esperaba. Todo estaba mal. El equilibrio, el movimiento, la forma en que su cuerpo se distribuía ahora sobre el suelo.
Su madre, todavía en forma de loba, se colocó a su lado. Presionó su cuerpo contra el de Aria, ofreciendo apoyo. Luego dio un paso lento y deliberado, mostrándole cómo mover las patas en secuencia.
“Así es.” Elena observaba desde su lugar contra la pared. “Izquierda delantera, derecha trasera. Derecha del