El rugido de guerra aún resonaba en las paredes montañosas cuando Ares cruzó los portales.
Su corazón martillaba con violencia, no por la sangre derramada… sino por las vidas que estaban por llegar.
Isabel, sus hijos, su luna al borde del abismo, y él, incapaz de respirar hasta verla sonreír nuevamente.
—¡Sala lunar, ya! —Rugió Ares mientras el caos vibraba a su alrededor como una bestia sin rostro.
Nyssara abría camino con su magia antigua.
Lucía mantenía una esfera protectora alrededor del cu