El sol se alzó entre las montañas como una bendición. Por primera vez en semanas, la manada despertó con risas en lugar de gruñidos, con esperanza en vez de temor.
Los cantos de bienvenida llenaban el aire, los árboles eran adornados con cintas plateadas y flores silvestres. La sala del círculo ancestral, ese mismo lugar donde tantas veces se había invocado poder y guerra, ahora se vestía de fiesta.
Era el día del bautizo lunar.
Los herederos del trono, los hijos del Alfa, los pequeños que