El zumbido del escándalo no se había disipado aun cuando Ares ya se movía con precisión quirúrgica. Mientras los medios aún debatían su rueda de prensa y la amenaza de demandas, él tejía su verdadera estrategia en las sombras.
El salón de reuniones estaba sumido en penumbra, iluminado solo por la gran lámpara circular sobre la mesa de piedra negra. Un espacio sagrado entre los suyos, donde se gestaban decisiones que no podían ser registradas por cámaras ni grabadoras.
—¿Y bien? —Preguntó Ares