El día después de la cena fue como el eco de una tormenta.
Isabel se había encerrado en su habitación, revuelta por dentro. El rostro de aquel hombre que siempre sueña no salía de su cabeza. Su tacto, su voz, esa intensidad en sus ojos que le hablaba a una parte de ella que aún no entendía, pero sentía. Era como si una fuerza antigua la empujara hacia él, y a la vez, algo dentro de ella gritara que debía huir.
Mientras tanto, en lo alto del edificio central de la corporación de Briana, Logan c