La sala principal de la mansión estaba llena del aroma antiguo a madera, cuero y sangre seca. La manada observaba desde lejos, fingiendo indiferencia, pero todos sabían que el ambiente estaba cargado. La verdadera guerra no era la externa, era esta, la que se libraba en susurros, en miradas afiladas y verdades a punto de estallar.
Gloria se plantó frente a Isabel, elegante y cruel, como la loba que había perfeccionado el arte de disfrazar veneno con sonrisas. Su vestido entallado, su cabello pe