La frontera del territorio lycan era como cruzar a otro mundo. El aire era distinto, más denso, más salvaje. Los árboles eran más altos y viejos. Todo olía a poder, a raíces antiguas, a territorio marcado con sangre y lealtades juradas siglos atrás.
Lucía, desde su asiento en la camioneta, no pudo evitar abrir un poco la boca al ver el paisaje desplegarse frente a ella. Era hermoso, como algo sacado de un sueño o una pesadilla.
—Bienvenida al otro lado. —Murmuró Henrry, saliendo del asiento del