“—He visto que nadie viene a esta habitación. —El hombre intentó ver el interior de la maltrecha habitación, pero Isabel, aferrada a la puerta, trató de evitarlo.
—Quizás no sé da cuenta cuando llega mi esposo. —Mintió llena de miedo por la mirada lasciva del aterrador hombre que mantiene la mano sobre la puerta para que no se le sea cerrada en la cara. —Ya es tarde y necesito descansar. —Trató de cerrar la puerta, pero el tipo lo evitó una vez más.
—¿Qué tal si me invitas a un café y de paso t