El calabozo estaba frío. La humedad rezumaba de las piedras antiguas, y el silencio era tan denso que parecía tener peso. Todo allí era oscuridad, encierro y un eco de derrotas.
Kaelen no había dicho una sola palabra desde que lo capturaron y encerraron.
Ni siquiera cuando Ares le había escupido que ya no era más que un prisionero. Ni cuando Isabel le preguntó si su lealtad seguía siendo hacia el bastión o hacia Nyra.
Solo guardó silencio. Un silencio que se llenaba con el recuerdo de los oj