Capítulo 38

Gabriela siguió mirando a Matías. Él con el overol de trabajo y las manos sucias de grasa. Ella con el vestido de gala y los zapatos en la mano. El contraste era tan marcado que hacía que el aire entre ellos se sintiera más denso.

—¿Estás bien? —preguntó él.

—Cansada. Fue mucho.

—Imagino.

Hubo un momento donde ninguno se movió. Donde el lobby del edificio, con su alfombra

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