Mundo de ficçãoIniciar sessãoA las ocho de la mañana, el teléfono de Gabriela sonó. Miranda.
—Encontré algo —dijo sin preámbulo, con la energía específica de alguien que no había dormido pero que había seguido investigando a pesar del agotamiento acumulado.
—Buenos días a ti también —respondió Gabriela, todavía en pijama con una taza de café en la mano.
—Buenos días.







