Adam
Los aullidos llegaron desde el sur.
Uno.
Después otro.
Y otro.
Adam salió de casa de Maura antes de que nadie tuviera que llamarlo.
Su lobo ya estaba despierto.
No tranquilo.
No inquieto.
Furioso.
Caleb apareció corriendo desde el embarcadero.
—Tenemos un herido.
—¿Nuestro?
—No.
Adam miró hacia Nora.
Estaba unos metros detrás.
Pálida.
Aquello significaba que había escuchado demasiado.
Otra cosa para solucionar más tarde.
—¿Qué ha dicho?
Caleb bajó la voz.
—Que vienen a por Emily.
La sangre