Capítulo 85. La vida en la Toscana
El sol de la Toscana no era como el de Texas. No era un calor que te agobiaba o te quemaba la piel con agresividad; era una caricia dorada, un abrazo constante que olía a tierra fértil, a romero silvestre y a libertad.
Habían pasado cuatro meses desde que aterrizamos en Italia, y Villa Speranza se había convertido en nuestro santuario.
Luis ya no era aquel bebé frágil que cabía en la palma de mi mano. Bajo los cuidados del equipo médico que Alejandro trajo y, sobre todo, gracias a la paz de est