Mientras tanto, en la mansión de Martin...
En cuanto Martin cruzó la puerta, todas las empleadas quedaron paralizadas por el impacto. Llevaba en brazos a una mujer joven cubierta de sangre. Nadie la reconocía.
—¿Qué pasó?
—¿Hubo una guerra?
—¿Quién es ella?
Los murmullos se extendieron por la mansión. Martin los ignoró por completo:
—¿Ya llegó el médico? —preguntó.
—Sí, señor —respondió una de las mucamas—. Lo está esperando.
—Bien. Abre la puerta.
Martin entró apresuradamente a la recámara pri