Tras dos semanas de búsqueda incesante de Emma Moretti, sin pistas por parte de la policía ni un camino claro a seguir, la paciencia de Alexandro se estaba agotando. El sueño se había convertido en algo que solo simulaba; pasaba las madrugadas sentado en su despacho, fijando la mirada en un teléfono que jamás sonaba con la noticia que realmente ansiaba. No sabía qué destino le esperaba, solo que se aproximaba con rapidez, de la misma forma en que una tormenta se anuncia mucho antes de que caiga