A la mañana siguiente, Gema despertó rodeaba de calidez y sin abrir los ojos pensó que amanecer en los brazos de Konstantin era una de las cosas más bonitas que le había sucedido en la vida. Estaba acostada de lado, dándole la espalda a él, sus ojos permanecían cerrados disfrutando de la sensación de tener uno de los brazos masculinos rodeándole la su cintura. Pegándola a su cuerpo como si no quisiera que se le escapara mientras dormía. Sus nalgas reposaban encima de su miembro viril que al par