Konstantin no se sentía cómodo en aquel sitio, no era que no hubiese ido anteriormente cuando era un joven y cachondo estudiante de primer año, pero sus colegas japoneses le pidieron ir y no tuvo forma de negarse. Los hombres estarían poco tiempo en el país, se irían en cuanto acabase el congreso. Debido a la fluidez del lenguaje, había sido a él a quien le tocó buscar una sala y una chica para un baile privado. Avisó a los japoneses que todo estaba preparado y se dirigieron hacia allá.
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