Konstantin respiró profundo y con paso decidido entró al salón donde se celebraría el banquete de bodas, lamentó mucho haberse perdido la ceremonia eclesiástica, pero tuvo una emergencia con uno de sus pequeños pacientes y no pudo dejarlo hasta que lo estabilizó. Ese era el precio que pagar por haber escogido esa profesión y que no cambiaría por nada del mundo, amaba ser médico.
Una vez que traspasó las puertas paseó la mirada por el lugar porque sabía que Gema estaría allí. A pesar de todo el