Capítulo doce: La cámara siempre te encuentra.
Cuando llegué a casa esa noche, había dejado de nevar.
El mundo exterior parecía engañosamente tranquilo: calles limpias, tejados cubiertos de nieve, un aire silencioso que hacía fácil olvidar que algo complicado había sucedido.
Pero ahora lo sabía mejor.
Tranquilidad no significaba seguridad.
Solo significaba esperar.
Las luces de la casa estaban encendidas cuando entré.
Demasiado brillantes para el cansancio que sentía.
El entrenador Hayes estaba en la sala, de pie en lugar de sentado, con el