No entró de inmediato.
Esa fue la primera diferencia.
Antes, Liam habría acortado la distancia sin pensarlo: confianza, instinto, control. Ahora se quedó donde yo había dejado el espacio, como si entendiera que significaba algo.
Como si yo lo hubiera querido decir.
Bien.
Me apoyé en el marco de la puerta, con los brazos aún cruzados, observándolo bajo la tenue luz del pasillo. De cerca, parecía más cansado que nunca. No físicamente —siempre lo manejaba bien—, sino algo más profundo. Algo más si