A las 8:45, ya me arrepentía.
No porque pensara que fuera una mala idea. Porque sabía que lo era. El tipo de idea que hace que las chicas de las películas de suspense mueran en los primeros diez minutos.
Nos vemos a solas en el aparcamiento sur.
Número desconocido.
Todas las señales de alarma imaginables. Y aun así, me puse el abrigo, guardé el móvil en el bolsillo y bajé las escaleras lo más silenciosamente posible.
La casa estaba a oscuras. Por una vez, la luz del despacho de mi padre estaba