Al día siguiente, el silencio ya no era silencioso. Era fuerte y ensordecedor. No había mensajes nuevos de Liam, ni avisos de cómo estaba, ni mensajes nocturnos preguntando si estaba bien. Simplemente nada.
Lo cual, de alguna manera, se sentía peor que todo lo demás. Peor que los comentarios, peor que los titulares, peor que los desconocidos que creían conocerme. Porque esto era real.
Aguanté hasta la tarde. Ese fue mi límite. Me dije a mí misma que no iba a ir a buscarlo, me dije que no era ne