13. La madre que llama
Eira
Algo me atraviesa el pecho como si una garra me abriera el esternón desde adentro. No es un presentimiento cualquiera; es el tirón del lazo que más fuerte tengo. Algo sucede con mi hija.
La montaña huele a resina húmeda, a hierro y a luna inquieta. Me apoyo en la piedra del ventanal y siento el pulso del bosque como un tambor. Mi hija se enciende lejos. Mariel arde, como una vez yo lo hice, pero descontroladamente.
Ardan entra al salón sin que lo llame. Reconoce la forma en que alzo el ro