11. La marca despierta
Mariel
Despierto con la boca seca y la piel incendiada. No es fiebre. No es calor de verano. Es otra cosa. Como si alguien hubiera prendido una hoguera debajo de mi esternón y la hubiese olvidado ardiendo.
Me siento en la cama. La camiseta está pegada a mi pecho. Las sábanas están muy húmedas. La ventana abierta no hace nada por mí. El aire entra pesado, tibio, con olor a mango maduro del patio y a lavanda vieja de la sala.
Respiro como él me enseñó. Cuatro para entrar. Dos para sostener. Seis