CRUELLA
Los sueños tienen una forma de aparecer sin ser invitados, de doblar la realidad hasta que lo imposible se siente urgente. Me desperté en las primeras horas de la mañana, la primera luz de Greenville derramándose por las altas ventanas de mis habitaciones, y allí estaba ella. Gwen.
No en carne, no en sustancia—pero en presencia. Su voz era como un río que atravesaba la quietud de mi mente, suave, insistente, imposible de ignorar.
—Cruella —dijo, su tono tanto calmante como firme—. Debes perdonarla. Mrs. Styles. Ella necesita tu atención. Necesita tu ayuda.
Fruncí el ceño, sentándome en las suaves sábanas, el corazón golpeando con duda.
—¿Perdonarla? ¿Por qué? ¿Después de todo lo que ha hecho? ¿Después de todo? —Mi voz llevaba el peso de siglos de desconfianza, de batallas libradas, de mentiras desenterradas.
La forma de Gwen brillaba tenuemente, la luz del sueño dándole un resplandor etéreo.
—Porque incluso los más fuertes entre ustedes, Cruella, no pueden llevar cada rencor s