CRUELLA
Las puertas del palacio se abrieron, y crucé por ellas con la clase de presencia que podía aplastar reinos. Cada paso que daba resonaba como un tambor de inevitabilidad. Mis tres mates—Jason, Sebastian y Kyle—se mantenían firmes a mi lado. Carly me seguía de cerca, sus ojos grandes entre asombro y aprensión.
El patio estaba lleno de ciudadanos de Greenville, soldados y miembros de la manada. Toda la ciudad había salido a presenciar el ajuste de cuentas final, el día en que la justicia equilibraría finalmente la balanza. El aire mismo parecía vibrar con anticipación, cargado con el peso de siglos de mentiras, miedo y opresión.
Y en el centro, dos figuras eran arrastradas hacia adelante—Queen Sheila y China. Luchaban contra sus guardias, con los rostros pálidos por el terror. La arrogancia habitual de Sheila había desaparecido, reemplazada por una máscara temblorosa de incredulidad. La desafiante postura de China flaqueaba bajo mi mirada, bajo el peso de la autoridad que ahora p