CRUELLA
El palacio de Greenville nunca se había sentido tan ligero, ni siquiera en los primeros días de mi reinado. Había un nuevo ritmo en sus pasillos, una nueva música en sus salones. Las risas, antes apagadas y temerosas, resonaban libremente. Las conversaciones ya no se susurraban en secreto; se compartían abiertamente, sin sospecha ni miedo. Era la primera vez en siglos que sentía el pulso de la vida aquí, sin la sombra del peso de la tiranía.
Caminé por el salón principal con mis tres mates flanqueándome, Carly a mi lado. La luz del sol se filtraba por las altas ventanas, reflejándose en los plateados y negros de mis túnicas, proyectando largas y autoritarias sombras. Cada paso que daba resonaba con un sentido de autoridad, pero no de arrogancia; esta era fuerza templada por la justicia.
Alpha Damon apareció al final del pasillo, con postura orgullosa y firme. Sonrió levemente al vernos. “La ciudad prospera”, dijo, con voz calmada pero cálida. “Incluso las voces antes silencios