CHINA
Mis manos temblaban cuando llegué a las puertas del palacio.
No por miedo al castigo.
Sino por miedo a lo que acababa de descubrir.
Cruella no solo era poderosa. No solo estaba favorecida por el destino o maldita por una profecía. Era sangre. Sangre real. De la clase que mancha la historia y las coronas por igual.
Había corrido todo el camino desde la academia, el pecho ardiéndome, los pensamientos acelerados más que mis pies. Cada recuerdo de Cruella se repetía en mi mente: la forma en que el aire se doblaba a su alrededor, cómo los instructores la trataban con una cautela tácita, cómo incluso los nobles más arrogantes bajaban la voz instintivamente cuando ella hablaba.
Lo había notado desde hacía tiempo.
Simplemente nunca entendí por qué.
Hasta esta noche.
Los guardias me reconocieron y se apartaron con rapidez. A Queen Sheila no le gustaba que la hicieran esperar, y yo estaba segura—absolutamente segura—de que esta información le agradaría.
O la enfurecería.
De cualquier modo