CHINA
Mis manos temblaban cuando llegué a las puertas del palacio.
No por miedo al castigo.
Sino por miedo a lo que acababa de descubrir.
Cruella no solo era poderosa. No solo estaba favorecida por el destino o maldita por una profecía. Era sangre. Sangre real. De la clase que mancha la historia y las coronas por igual.
Había corrido todo el camino desde la academia, el pecho ardiéndome, los pensamientos acelerados más que mis pies. Cada recuerdo de Cruella se repetía en mi mente: la forma en q