CRUELLA
La habitación aún olía a cera de velas y a secretos antiguos después de que las palabras de Carly cayeran entre nosotras como una cuchilla.
Mata a dos. Deja a uno.
Eso fue lo que dijo, con la voz baja, temblando no de miedo, sino de urgencia. Del tipo que nace al ver algo terrible antes de que termine de llegar.
La miré fijamente, con los dedos apretados contra la tela de mi bata de dormir, el corazón latiéndome tan fuerte que estaba segura de que las paredes podían oírlo.
—No lo entien