CRUELLA
Aguanté dos días.
Dos días fingiendo que estaba bien. Dos días fingiendo que el encuentro en el bosque no se había enterrado bajo mi piel como un parásito decidido a devorarme desde adentro.
Pero cada vez que parpadeaba por demasiado tiempo, lo veía—
El hombre encapuchado.
Esos ojos carmesí.
Esa voz que se sentía como hielo deslizándose por mi columna.
Y por más que intentara ahogar el recuerdo, siempre volvía, arañando la superficie, vivo y ahogándose.
Sebastian lo notó antes que nadie