Elena regresó a la mansión Godoy exactamente una hora después.
—¡Papá!
La voz de Luna resonó por toda la casa.
Escuchó también pasos apresurados que atravesaban el pasillo.
Después, una carcajada.
Luego otra.
Y finalmente, la voz grave de Xander.
Suave.
Paciente.
Completamente distinta de la que utilizaba con cualquier otra persona.
Siguiendo el sonido, llegó al jardín y se encontró a su hija sentada en los hombros del hombre.
La niña reía feliz.
Y entonces se quedó quieta, observándol