—A ver, madre. Te escucho —se cruzó de brazos, esperando que dijera lo que sea que tuviera para decir.
—¿Recuerdas a Elena?
Su rostro, antes indiferente, se endureció ante la sola mención. ¿Recordarla? No había un solo día en que no se lamentara por lo que le había pasado a esa chica.
—¿Qué tiene que ver Elena? —soltó, descruzando los brazos y empuñando las manos sin poder evitarlo. Toda la presión acumulada durante años se concentraba en sus puños—. ¿De pronto te dio un cargo de conciencia o a