—¿Cómo te llamas?
La pregunta le llegó de repente.
Brandon parpadeó.
—¿Qué?
—¡Tu nombre! —repitió ella, como si estuviera hablando con alguien particularmente lento—. ¿Cómo te llamas?
—¡Brandon!
—¿Brenda?
—¡Brandon!
—¡Eso dije!
No, definitivamente no había dicho eso.
Soltó una carcajada, porque ya se había dado cuenta de que no tenía caso discutir con ella.
La chica sonrió también, visiblemente satisfecha consigo misma.
—Yo soy Katerine —le extendió una mano pálida en su dirección,