Desde ese momento, Xander no dejó de preguntar por la pequeña Elena.
—¿Cómo se llama? —decía entre saltos luego de que ella sostuvo su dedo.
—¿Ya comió? —preguntó en otra ocasión, cuando Ana arrullaba a la niña en el jardín para que se calmara.
—Mamá, ¿podemos comprarle un regalo? Quizás así dejará de estar triste la niña —propuso un día cuando estaban haciendo compras en el centro comercial.
Todos estos eran comentarios normales de un niño. Victoria nunca les prestó demasiada atención, aunque