Una cachetada resonó en el pasillo.
Cuando se dio cuenta, Julieta observó su propia mano levantada; la palma, roja.
Victoria se tapó la cara sin poder creer que la hubiera golpeado. En el fondo, ella tampoco lo creía, pero todo fue cosa de un impulso.
Cinco años atrás, esa mujer la había humillado; se había valido de su peso para hacerla sentir miserable, poco digna. Justo ahora, ella hacía algo que la Elena de ese entonces jamás se habría atrevido a cometer. Pero se lo debía. Le debía esta rei