La dichosa fiesta era una exageración. El salón estaba saturado de personas influyentes y magnates del mundo empresarial. ¿Por qué estaba la prensa? ¿Y por qué había tantos reflectores? ¿Qué quería anunciar esa mujer?
En cuanto llegaron al salón, no perdió oportunidad para reclamarle por el dichoso regalito.
—Ten mucho cuidado con lo que haces, Carlotta —siseó, tomándola del brazo en un saludo colmado de advertencia—. Puedes meterte conmigo todo lo que quieras, pero a mi hija déjala fuera de es