Ante su declaración quiso reírse y, al mismo tiempo, llorar… Él no se imaginaba nada. Estaba tan ciego.
«Mírame y date cuenta, Xander. Mírame y ve que soy Elena. No hay otro padre para Luna que no seas tú, ¿lo entiendes?», quiso decirle, alejándose un poco para que la mirara directamente a los ojos con una tonta esperanza.
Lo hizo. Él la miró. Pero no miraba a Elena. Seguramente Elena ni siquiera pasaba por su mente hacía tanto tiempo. «Si es que alguna vez pasó», le dijo su lado más pesimista