César no le estaba dando opción a Ana de negarse. Claramente, cuando la mujer se enteró del embarazo se aterró mucho, pero nunca pasó por su mente la idea de no tenerlo. Sin embargo, este hombre ahora se mostraba así de frío.
—Yo… no puedo hacerlo —la voz de Ana era un susurro que se perdía en la inmensidad del despacho. No era una simple oficina; tenía un sofá grande y lo bastante cómodo como para que ambos se acostaran.
A esa hora de la madrugada la casa estaba completamente en silencio; la s