—Nunca amé a tu madre —dijo César, terminando su relato con sinceridad.
Elena tuvo que reconocerle una cosa: no suavizó nada, tampoco intentó justificarse.
Ambos se miraron entonces… En su niñez siempre se preguntó cómo sería su padre de haber tenido uno. Ahora ese hombre misterioso de sus pensamientos estaba justo al frente; observándolo fijamente, tuvo que aceptar que tenían cierto parecido. Pero ese hombre no merecía ser su padre. Él no merecía un título como ese.
—¿Qué quieres ahora? ¿Por qu