—No quiero que me adores. Solo quiero que te alejes de mí —apartó su mano.
—Está bien —susurró él con resignación.
—¿Está bien? —lo miró con recelo—. ¿Eso significa que dejarás de acosarme?
—Sí —asintió.
Estaba a punto de suspirar con alivio cuando él le dijo:
—Solo te pido un último beso.
Quiso maldecirlo, pero en su lugar sonrió con un aire burlesco. En definitiva, un beso era mejor que acostarse con él, así que tomaría la oferta y se retiraría limpiamente.
—Bien.
Imaginó que el contacto serí